LAICOS EN MARCHA

La misión de los laicos es ordenar todas las cosas según la voluntad de Dios igual que San Pablo que no vino a Atenas a deleitar sino a transformar la herencia de la razón y convertirla en soporte de la Luz de Cristo.

 

2-	San Paolo, Pompeo Batoni, 1742

La celebración del año paulino (¡2000 años de su nacimiento!) me viene que muy al pelo para acercarme a San Pablo y, desde esta página de arte, contribuir con ilusión a ese emblemático encuentro que desde Getafe ascendió hacia El Cerro de los Ángeles los días de mayo 1, 2 y 3 de 2009. Laicos en marcha.

Era deber de gratitud acercarnos primero al cuadro de Rafael. Qué entrañable nos resulta la palabra "ágora", como espacio de libertad en la ciudad de la razón. Con los brazos en alto Pablo intenta persuadir a extranjeros y atenienses, quienes, según el relato de Hechos (17.21), no tenían más pasatiempo que charlar sobre las últimas novedades. Creo que debiéramos leer como laicos este capítulo 17.

Está claro que Rafael ha sabido plasmar el contraste entre el entorno hierático y frío del cerco arquitectónico, con pretensión de intemporalidad, en el que hasta las piedras de la escalinata y plaza tienen un no sé que de losas para siempre y el apasionado sentir de los concurrentes, reflexivos unos, indignados otros, atentos, embebidos en profundo pensamiento o en asombro exultante como manifiestan en manos y en mirada, cerrando el semicírculo, (¿quién si no?) "Dionisio el Aeropagita y una mujer llamada Damaris".

Tiempo en huída irreparable en el movimiento fugaz de los presentes. Instantánea de los efectos del discurso. El altar al Dios desconocido es una mención ingeniosa, condescendiente con el mundo que le rodea. Aún no encajando en las novedades con las que pasan su tiempo, sin embargo les deleita. Pero Pablo no ha venido a Atenas a deleitar sino a transformar la herencia de la razón y convertirla en soporte de la Luz de Cristo. Con la razón habla del Dios creador del mundo. Pero dos novedades nunca oídas entre los gentiles aporta el Apóstol. Y ninguna de las dos eran ni fáciles ni cómodas de escuchar: duro, oír de alguien que ha resucitado de entre los muertos; pero más terrible la aseveración de que un hombre va a juzgar al universo con justicia. ¿No querían oír novedades? ¡Nada más nuevo! El miedo se manifiesta de dos modos sólo en apariencia contrarios: la risa de unos y el posponer para luego la conversación (según el relato de Los Hechos).

San Pablo en Atenas, Rafael

El Mesías ha llegado para todos los hombres. La Cruz, escándalo y locura, ha pasado a ser fuerza y sabiduría de Dios. Transformar todas las cosas en Cristo. Completar con nuestros sufrimientos la redención, suavizar los dolores de parto de la creación. Ya no hay Judíos ni griegos ni extranjeros, por el bautismo hemos sido sellados con el triple don de Cristo para ser en el ámbito de nuestra vocación (clérigos o laicos) sacerdotes, profetas y reyes.

Detengámonos en la primera parte del capítulo 17. Ahora se dirige a los judíos. Todo se ha cumplido, el Mesías prometido tenía que padecer y resucitar de entre los muertos. Me conmueve imaginar a los de Berea releyendo las Escrituras para ver si la interpretación era convincente.

Pablo se ha convertido en el nuevo Moisés. Así lo vio Paolo Batoni en 1742. Un pintor cortesano de retratos halagüeños de la nobleza, pero que en esta ocasión supo captar la fuerza de aquel Saulo, transformado en Pablo, nueva fuerza de Dios. El Mesías ha llegado para todos los hombres. La Cruz, escándalo y locura, ha pasado a ser fuerza y sabiduría de Dios. Transformar todas las cosas en Cristo. Completar con nuestros sufrimientos la redención, suavizar los dolores de parto de la creación. Ya no hay Judíos ni griegos ni extranjeros, por el bautismo hemos sido sellados con el triple don de Cristo para ser en el ámbito de nuestra vocación (clérigos o laicos) sacerdotes, profetas y reyes. El Reino de Dios está entre nosotros. El movimiento impetuoso de la barba y el fuego de los ojos lo proclaman en el cuadro.

La mano vigorosa de San Pablo, con la energía del testimonio de las Escrituras (sus cartas) ratificadas en el martirio (la espada) nos ordena ponernos en marcha. Laicos en marcha que ascienden al Cerro de la Virgen de los Ángeles y se postran ante el Sagrado Corazón de Cristo. Hermosa alegoría. Si no tenemos amor, no somos nada. Pero con el amor de Cristo, tenemos que bajar al mundo, ágora o taller, plaza o calle, salón o cocina no como mundanos, sino como bautizados, es decir, laicos que por ser sacerdotes, profetas y reyes, tienen la misión de ordenar todas las cosas según la voluntad de Dios. Eso sí: de la mano de nuestra Reina y Madre.

 Saber mirar - Santiago Arellano / Laicos en marcha

Publicado por Equipo de Autores on lunes, 9 de agosto de 2010
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